Brujula

Actualizado: 30/07/2025
Autor: Lourdes Bonilla

3 minutos de lectura

Mi hij@ tiene demasiada energía, es impulsiv@ y molesta a los demás

“No siempre es mala conducta. A veces es un cuerpo que no sabe cómo calmarse y una emoción que no sabe cómo salir.”

Hay niños y jóvenes que parecen no parar: interrumpen, gritan, empujan, no respetan turnos, y en algunos casos incluso son excluidos por otros niños o adolescentes. Lo primero que necesitamos entender es que la impulsividad no siempre es desobediencia, a veces es falta de autorregulación. Y esta no se enseña con castigos ni gritos, sino con presencia, límites claros y mucho entrenamiento emocional. En niños pequeños puede verse como una energía que se desborda en el parque o en el aula. En adolescentes, como una actitud desafiante, decisiones precipitadas o dificultad para controlar su tono cuando se enojan.

Desde la psicoterapia, vemos estas conductas no como un problema que hay que apagar, sino como una señal de que hay algo que necesita canalizarse mejor. Detrás de la impulsividad suele haber emociones no procesadas, un entorno sobreestimulante o una necesidad de conexión no satisfecha. Como adultos, necesitamos salir del modo “corregir” y entrar en el modo “acompañar y enseñar”. Puedes decir: “Yo también me he sentido así, como si tuviera una tormenta por dentro. A veces cuando estoy muy cansado o tengo muchas cosas en la cabeza, se me hace difícil controlarme”. Este tipo de conversaciones bajan las defensas, ofrecen contención emocional y le muestran que no está solo: hay una brújula.

Elige tu terapeuta y agenda tu cita.

Un niñ@ o joven no aprende a calmarse solo porque se le diga. Aprende porque alguien lo guía, lo sostiene y le enseña con el ejemplo que la calma se construye desde dentro, con conciencia y práctica. Así que la próxima vez que sientas que tu hij@ está “pasado de energía”, recuerda: tu forma de responder puede ser la diferencia entre que se sienta “el problema” o que empiece a entenderse a sí mism@.

Mi hij@ tiene demasiada energía, es impulsiv@ y molesta a los demás

Actualizado: 30/07/2025
Autor: Lourdes Bonilla

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“No siempre es mala conducta. A veces es un cuerpo que no sabe cómo calmarse y una emoción que no sabe cómo salir.”

Hay niños y jóvenes que parecen no parar: interrumpen, gritan, empujan, no respetan turnos, y en algunos casos incluso son excluidos por otros niños o adolescentes. Lo primero que necesitamos entender es que la impulsividad no siempre es desobediencia, a veces es falta de autorregulación. Y esta no se enseña con castigos ni gritos, sino con presencia, límites claros y mucho entrenamiento emocional. En niños pequeños puede verse como una energía que se desborda en el parque o en el aula. En adolescentes, como una actitud desafiante, decisiones precipitadas o dificultad para controlar su tono cuando se enojan.

Desde la psicoterapia, vemos estas conductas no como un problema que hay que apagar, sino como una señal de que hay algo que necesita canalizarse mejor. Detrás de la impulsividad suele haber emociones no procesadas, un entorno sobreestimulante o una necesidad de conexión no satisfecha. Como adultos, necesitamos salir del modo “corregir” y entrar en el modo “acompañar y enseñar”. Puedes decir: “Yo también me he sentido así, como si tuviera una tormenta por dentro. A veces cuando estoy muy cansado o tengo muchas cosas en la cabeza, se me hace difícil controlarme”. Este tipo de conversaciones bajan las defensas, ofrecen contención emocional y le muestran que no está solo: hay una brújula.

Un niñ@ o joven no aprende a calmarse solo porque se le diga. Aprende porque alguien lo guía, lo sostiene y le enseña con el ejemplo que la calma se construye desde dentro, con conciencia y práctica. Así que la próxima vez que sientas que tu hij@ está “pasado de energía”, recuerda: tu forma de responder puede ser la diferencia entre que se sienta “el problema” o que empiece a entenderse a sí mism@.

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