Actualizado: 31/07/2025
Autor: Lourdes Bonilla
2.5 minutos de lectura
¿Debería castigar?
“No siempre es mala conducta. A veces es un cuerpo que no sabe cómo calmarse y una emoción que no sabe cómo salir.”
Muchos papás piensan que castigar es la única manera de enseñar. Sin embargo, los estudios sobre vínculo y desarrollo emocional muestran que el castigo, lejos de educar, genera miedo, resentimiento y distancia. Cuando un hij@ siente que el amor depende de su buen comportamiento, lo que aprende no es responsabilidad, sino temor a perder la aceptación. Desde el sentido entendemos que toda acción educativa debe invitar a la libertad responsable, no a la obediencia ciega.
En lugar de castigo, lo que más enseña son las consecuencias naturales y lógicas acompañadas de diálogo. Por ejemplo: si un niño rompe un juguete de otro, la consecuencia es repararlo o compensar de alguna forma, no quedarse sin televisión. Si un adolescente incumple una norma de confianza (como llegar tarde), la consecuencia no es sólo encerrarlo un mes, sino trabajar juntos para restaurar la confianza perdida. En ambos casos, lo que se enseña es responsabilidad y reparación, no miedo al castigo.
Pregúntate: ¿quieres que tu hij@ actúe bien para evitar tu enojo, o porque comprende el sentido de lo que hace? El castigo sin consciencia corta el vínculo, mientras que la disciplina lo fortalece. Educar desde el sentido no es más permisivo, es más profundo: forma personas capaces de elegir con conciencia, no por temor.
Actualizado: 30/09/2025
Autor: Lourdes Bonilla
2.5 minutos de lectura
“Imponer sanciones que dañan el vínculo no educa en el sentido, solo reproduce el miedo.”
Muchos papás piensan que castigar es la única manera de enseñar. Sin embargo, los estudios sobre vínculo y desarrollo emocional muestran que el castigo, lejos de educar, genera miedo, resentimiento y distancia. Cuando un hij@ siente que el amor depende de su buen comportamiento, lo que aprende no es responsabilidad, sino temor a perder la aceptación. Desde el sentido entendemos que toda acción educativa debe invitar a la libertad responsable, no a la obediencia ciega.
En lugar de castigo, lo que más enseña son las consecuencias naturales y lógicas acompañadas de diálogo. Por ejemplo: si un niño rompe un juguete de otro, la consecuencia es repararlo o compensar de alguna forma, no quedarse sin televisión. Si un adolescente incumple una norma de confianza (como llegar tarde), la consecuencia no es sólo encerrarlo un mes, sino trabajar juntos para restaurar la confianza perdida. En ambos casos, lo que se enseña es responsabilidad y reparación, no miedo al castigo.
Pregúntate: ¿quieres que tu hij@ actúe bien para evitar tu enojo, o porque comprende el sentido de lo que hace? El castigo sin consciencia corta el vínculo, mientras que la disciplina lo fortalece. Educar desde el sentido no es más permisivo, es más profundo: forma personas capaces de elegir con conciencia, no por temor.