Actualizado: 30/07/2025
Autor: Lourdes Bonilla
2.5 minutos de lectura
A mi hij@ le da miedo lanzarse a cosas nuevas
Ver a un hij@ paralizado frente a una nueva experiencia, entrar a un lugar desconocido, quedarse en una reunión social, presentarse a una audición o simplemente hablar en público, puede ser desesperante. Algunos padres se frustran o incluso se enojan: “¿Por qué no puede simplemente hacerlo?” Pero el miedo no se resuelve con presión, ni se supera con frases como “deja la bobada” o “no es para tanto”. Detrás de ese miedo hay una necesidad emocional profunda: la necesidad de saber que no está sol@, incluso cuando tú no estás físicamente ahí. Desde la teoría del apego entendemos que el valor para explorar surge cuando hay un vínculo seguro que actúa como base. Si tu hij@ no se lanza, no es porque no quiera, sino porque necesita más de tu confianza para atreverse.
El miedo no es una debilidad sino una señal y en cada etapa, los niños y jóvenes atraviesan momentos que pueden despertar miedos. En la infancia puede ser el primer día de colegio, dormir sol@ o entrar a un espacio nuevo. En la adolescencia, puede ser hablar con alguien que le gusta, participar en clase, aceptar un nuevo reto académico o deportivo. En lugar de empujar bruscamente, acompaña con frases como: “Sé que esto te da nervios, pero estoy aquí, y confío en ti”. Esa confianza que tú proyectas se convierte en su autoconfianza. Puedes usar pequeñas “misiones” para practicar: que pida algo sol@ en una tienda, que asista a una clase diferente, que tome la palabra en un espacio grupal sabiendo que no será juzgad@ en casa por hacerlo.
Ayudar a un hij@ a lanzarse no significa empujarlo, sino convertirse en la red que lo sostiene mientras aprende a volar. Los niños y adolescentes que se sienten sostenidos por dentro se atreven más, porque saben que el amor no depende del éxito, sino de la presencia. Y cuando tu hij@ sepa eso, realmente lo sepa, su mundo se abrirá paso a paso, sin miedo a lo desconocido, porque lo verdaderamente importante ya lo tiene contigo: seguridad, confianza y un hogar emocional al que siempre puede regresar.
Actualizado: 30/07/2025
Autor: Lourdes Bonilla
2.5 minutos de lectura
Ver a un hij@ paralizado frente a una nueva experiencia, entrar a un lugar desconocido, quedarse en una reunión social, presentarse a una audición o simplemente hablar en público, puede ser desesperante. Algunos padres se frustran o incluso se enojan: “¿Por qué no puede simplemente hacerlo?” Pero el miedo no se resuelve con presión, ni se supera con frases como “deja la bobada” o “no es para tanto”. Detrás de ese miedo hay una necesidad emocional profunda: la necesidad de saber que no está sol@, incluso cuando tú no estás físicamente ahí. Desde la teoría del apego entendemos que el valor para explorar surge cuando hay un vínculo seguro que actúa como base. Si tu hij@ no se lanza, no es porque no quiera, sino porque necesita más de tu confianza para atreverse.
El miedo no es una debilidad sino una señal y en cada etapa, los niños y jóvenes atraviesan momentos que pueden despertar miedos. En la infancia puede ser el primer día de colegio, dormir sol@ o entrar a un espacio nuevo. En la adolescencia, puede ser hablar con alguien que le gusta, participar en clase, aceptar un nuevo reto académico o deportivo. En lugar de empujar bruscamente, acompaña con frases como: “Sé que esto te da nervios, pero estoy aquí, y confío en ti”. Esa confianza que tú proyectas se convierte en su autoconfianza. Puedes usar pequeñas “misiones” para practicar: que pida algo sol@ en una tienda, que asista a una clase diferente, que tome la palabra en un espacio grupal sabiendo que no será juzgad@ en casa por hacerlo.
Ayudar a un hij@ a lanzarse no significa empujarlo, sino convertirse en la red que lo sostiene mientras aprende a volar. Los niños y adolescentes que se sienten sostenidos por dentro se atreven más, porque saben que el amor no depende del éxito, sino de la presencia. Y cuando tu hij@ sepa eso, realmente lo sepa, su mundo se abrirá paso a paso, sin miedo a lo desconocido, porque lo verdaderamente importante ya lo tiene contigo: seguridad, confianza y un hogar emocional al que siempre puede regresar.