Brujula

Actualizado: 30/09/2025
Autor: Lourdes Bonilla

2.5 minutos de lectura

¿Y si no me cuenta? No hablamos mirando a los ojos

La disponibilidad de la figura de apego es el factor clave para que un niño se atreva a comunicarse

Puede ser doloroso o preocupante sentir que tu hij@ no te cuenta nada, que evita tu mirada o que se encierra en su mundo. Esto no significa necesariamente que no confíe en ti, sino que está protegiendo su intimidad o que aún no tiene herramientas para expresar lo que siente. En la adolescencia, el silencio puede ser una forma de independencia; en la niñez, puede ser miedo al juicio o a decepcionarte. La pregunta no es solo “¿por qué no me habla?”, sino “qué tan seguro se siente para abrirse conmigo”.

Las conversaciones no deben ser tipo ‘entrevista’ ni ‘interrogatorio’ los niños y adolescentes no se abren fácilmente cuando nos sentamos a hablar de frente y mirando a los ojos, coo los adultos.
La crianza consciente invita a no forzar la comunicación, sino a crear espacios donde hablar no sea obligación, sino posibilidad. Puedes mostrar tu propio mundo emocional como modelo: “Hoy me sentí frustrado en el trabajo y necesitaba un rato para calmarme”. Al compartir sin juicio, le enseñas que expresar lo que sientes no es una debilidad, sino una fortaleza. Además, puedes aprovechar momentos cotidianos sin presión: un paseo en carro, cocinar juntos, ver una serie, para que la conversación fluya de manera natural.

Lo importante es que tu hij@ sienta que el vínculo está abierto, incluso en el silencio. Muchas veces, lo que más recuerda un niño o adolescente no es lo que le dijiste, sino la certeza de que estabas allí, disponible, sin exigir explicaciones inmediatas. Estar presente sin invadir es el mejor puente para que un día las palabras lleguen de manera espontánea.

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¿Y si no me cuenta? No hablamos mirando a los ojos

Actualizado: 30/09/2025
Autor: Lourdes Bonilla

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La disponibilidad de la figura de apego es el factor clave para que un niño se atreva a comunicarse

Puede ser doloroso o preocupante sentir que tu hij@ no te cuenta nada, que evita tu mirada o que se encierra en su mundo. Esto no significa necesariamente que no confíe en ti, sino que está protegiendo su intimidad o que aún no tiene herramientas para expresar lo que siente. En la adolescencia, el silencio puede ser una forma de independencia; en la niñez, puede ser miedo al juicio o a decepcionarte. La pregunta no es solo “¿por qué no me habla?”, sino “qué tan seguro se siente para abrirse conmigo”.

Las conversaciones no deben ser tipo ‘entrevista’ ni ‘interrogatorio’ los niños y adolescentes no se abren fácilmente cuando nos sentamos a hablar de frente y mirando a los ojos, coo los adultos.
La crianza consciente invita a no forzar la comunicación, sino a crear espacios donde hablar no sea obligación, sino posibilidad. Puedes mostrar tu propio mundo emocional como modelo: “Hoy me sentí frustrado en el trabajo y necesitaba un rato para calmarme”. Al compartir sin juicio, le enseñas que expresar lo que sientes no es una debilidad, sino una fortaleza. Además, puedes aprovechar momentos cotidianos sin presión: un paseo en carro, cocinar juntos, ver una serie, para que la conversación fluya de manera natural.

Lo importante es que tu hij@ sienta que el vínculo está abierto, incluso en el silencio. Muchas veces, lo que más recuerda un niño o adolescente no es lo que le dijiste, sino la certeza de que estabas allí, disponible, sin exigir explicaciones inmediatas. Estar presente sin invadir es el mejor puente para que un día las palabras lleguen de manera espontánea.

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