Actualizado: 30/09/2025
Autor: Lourdes Bonilla
3 minutos de lectura
¿Debo ser más estricto para que me respete?
Los padres emocionalmente maduros se ganan el respeto no por ser estrictos, sino por ser coherentes, calmados y confiables.
Tal vez en algún momento te has preguntado si deberías ser más estricto para que tu hij@ te respete. La duda surge porque confundes respeto con obediencia inmediata. Pero obedecer por miedo no es respeto verdadero, es supervivencia emocional. Un hij@ que te teme puede callar o cumplir, pero en el fondo se siente lejos de ti, desconectado, e incluso resentido. En cambio, cuando hablamos de respeto auténtico, hablamos de una relación en la que tu hij@ reconoce en ti una figura justa, firme y confiable. Un vínculo sano no se construye en el temor, sino en la confianza: el niñ@ o adolescente sabe que, incluso en medio de la diferencia, no perderá tu presencia emocional.
Desde la crianza consciente la propuesta es un modelo distinto: la firmeza amorosa. Esto significa que puedes ser claro y poner límites, pero sin intimidar ni comprometer la dignidad de tu hij@. Por ejemplo, si tu hij@ adolescente te habla con un tono grosero, no se trata de responder con más gritos, sino de marcar el límite: “No estoy de acuerdo con la forma en que me hablaste, hablemos cuando podamos hacerlo con respeto”. Esa respuesta es firme, pero no destructiva. Lo mismo con un niño más pequeño: “Entiendo que estés enojado, pero no es aceptable pegar”. La firmeza amorosa enseña que hay límites, pero sin condicionar el amor.
La pregunta de fondo no es si debes ser más estricto, sino qué tipo de respeto quieres cultivar. ¿El respeto que nace del miedo a perder tu amor? ¿O el respeto que nace de la certeza de que eres coherente, justo y emocionalmente disponible? Esa es la diferencia entre un vínculo de control y un vínculo de confianza.
Actualizado: 30/09/2025
Autor: Lourdes Bonilla
3 minutos de lectura
Los padres emocionalmente maduros se ganan el respeto no por ser estrictos, sino por ser coherentes, calmados y confiables.
Tal vez en algún momento te has preguntado si deberías ser más estricto para que tu hij@ te respete. La duda surge porque confundes respeto con obediencia inmediata. Pero obedecer por miedo no es respeto verdadero, es supervivencia emocional. Un hij@ que te teme puede callar o cumplir, pero en el fondo se siente lejos de ti, desconectado, e incluso resentido. En cambio, cuando hablamos de respeto auténtico, hablamos de una relación en la que tu hij@ reconoce en ti una figura justa, firme y confiable. Un vínculo sano no se construye en el temor, sino en la confianza: el niñ@ o adolescente sabe que, incluso en medio de la diferencia, no perderá tu presencia emocional.
Desde la crianza consciente la propuesta es un modelo distinto: la firmeza amorosa. Esto significa que puedes ser claro y poner límites, pero sin intimidar ni comprometer la dignidad de tu hij@. Por ejemplo, si tu hij@ adolescente te habla con un tono grosero, no se trata de responder con más gritos, sino de marcar el límite: “No estoy de acuerdo con la forma en que me hablaste, hablemos cuando podamos hacerlo con respeto”. Esa respuesta es firme, pero no destructiva. Lo mismo con un niño más pequeño: “Entiendo que estés enojado, pero no es aceptable pegar”. La firmeza amorosa enseña que hay límites, pero sin condicionar el amor.
La pregunta de fondo no es si debes ser más estricto, sino qué tipo de respeto quieres cultivar. ¿El respeto que nace del miedo a perder tu amor? ¿O el respeto que nace de la certeza de que eres coherente, justo y emocionalmente disponible? Esa es la diferencia entre un vínculo de control y un vínculo de confianza.